La tarde del día 15 de septiembre caía lenta sobre el parque de Lloreda. El aire olía a tierra húmeda y a verano anticipado. Cristina se balanceaba en un columpio oxidado, con los pies rozando el suelo, mientras Laia la empujaba distraída. Eran amigas desde hacía años, pero últimamente algo había cambiado entre ellas, aunque ninguna se atrevía a decirlo en voz alta.
Cristina, de dieciséis años, tenía los ojos verdes y el pelo suelto. Vestía unos pantalones militares y una chaqueta de pelo marrón. Laia, un año menor, llevaba una coleta, una camiseta rosa, pantalones cortos con medias y una chaqueta verde marrón.
—¿Te has enterado de lo de Vanesa? —preguntó Cristina de repente.
—No… ¿qué ha pasado? —respondió Laia.
—Se ha liado con Carlos. Su novio se ha enterado y la ha dejado.
Laia soltó una risa irónica.
—Normal, con la fama que tiene.
Cristina dejó de balancearse y clavó los pies en la arena.
—Hay algo que nunca te conté.
—¿El qué?
—¿Recuerdas cuando dejé a mi novio?
—Sí.
—Te mentí. No lo dejé porque ya no me gustara… Lo dejé porque lo pillé en la cama con Vanesa.
Laia abrió los ojos, incrédula.
—¿En serio? Esa tía es increíble.
—No le digas nada —pidió Cristina—. Ella no sabe que lo vi.
Laia apretó los labios.
—Entonces nos vamos a vengar.
—¿Cómo?
—Separándola de su novio.
Cristina dudó unos segundos… y luego asintió.
—Me apunto.
Al día siguiente 16 de septiembre, Laia estaba en casa viendo la televisión cuando el teléfono sonó.
—¿Hola?
—Holis, soy Vane —dijo una voz exageradamente alegre.
—¿Qué quieres? —respondió Laia sin disimular su frialdad.
—Solo quería saber si vas a venir a la fiesta que hace mi novio.
—No lo sé. Tengo que hablarlo con Cristina.
—Oki.
Colgaron. Apenas unos segundos después, el timbre sonó varias veces seguidas. Laia fue a abrir y se encontró con Cristina en la puerta.
—¿Qué haces aquí? —preguntó.
—Tengo que decirte algo importante.
Cristina entró sin esperar respuesta.
—Te voy a presentar a un chico. Estoy fatal… Vanesa se ha liado con Brayan. Y ahora son novios.
—¿Qué? —exclamó Laia—. Justo me acaba de invitar a su fiesta.
Cristina apretó los puños.
—Entonces iré yo también.
—No —la cortó Laia—. Iré yo sola con el chico que me vas a presentar. Tú quédate en casa. Si ves a Brayan con ella, te vas a hundir.
Cristina negó con la cabeza.
—Tengo que ir… pero también necesito tu ayuda.
—Habla.
—Este sábado tengo que ir a una fiesta de ricos con mi familia. Es del jefe de mi padre. No la soporto.
—¿Y qué quieres que haga?
—Me llamas y me dices que tenemos que ir a cenar juntas, así me puedo escapar.
Laia suspiró.
—Vale, pero prométeme que no irás a la fiesta de Vanesa.
—Vale —respondió Cristina—. Además, hay un chico insoportable allí.
—¿Quién?
—Un friki pesado… pero su hermano no. Su hermano se llama Alejandro.
Laia arqueó una ceja.
—¿Te gusta?
Cristina asintió.
—Sí, pero el friki no me deja en paz.
—Está bien —dijo Laia—. Cuando termine la fiesta, iré a por ti.
Esa misma noche, Laia fue a la fiesta de Vanesa y Brayan. Al principio se lo pasó bien: bailó, rió y se dejó llevar por la música. Pero con el paso de las horas, el ambiente se volvió incómodo. La gente se besaba sin pudor, todo parecía exagerado y vacío. Asustada y decepcionada, decidió marcharse.
Acompañó a Cristina hasta una mansión enorme que pertenecía al jefe de su padre. Allí, Alejandro no tardó en fijarse en Laia. Se enamoró de ella casi de inmediato, pero Laia no sentía lo mismo. A ella le gustaba otro chico, Miguel, el que Cristina le había presentado.
La situación empezó a tensarse. Cristina se enfadó con Laia, aunque intentaba disimularlo. Laia, por su parte, evitaba a Alejandro para no provocar celos. Aun así, el daño ya estaba hecho.
Con el tiempo, Cristina decidió cambiar. Dejó atrás su imagen de friki para llamar la atención de Alejandro y olvidar a Brayan. Funcionó. Se besaron delante de todos y empezaron a salir juntos.
El lunes siguiente, Brayan apareció en casa de Laia. Querían hablar a solas. Ninguno quería que Cristina se enterara, porque ella aún sentía algo por él. Pero Vanesa lo vio todo y no tardó en contarlo, sobre todo a Cristina.
Cristina dejó de hablarle a Laia durante tres semanas.
Todo explotó en una pelea en el parque de Lloreda entre Laia y Vanesa. La gente se reunió alrededor, animando el conflicto. Cristina intentó detener la pelea, pero la empujaban sin parar. Laia la protegió como pudo.
—¡Ya basta! —gritó Vanesa de repente.
El silencio cayó de golpe. Laia habló con la voz temblorosa:
—No importa ser popular. Lo único que importa es entenderse.
Las risas fueron la única respuesta. Todos se marcharon, menos Cristina y Vanesa.
—Gracias —dijo Laia a Cristina.
—De nada.
Laia la miró con tristeza.
—No sé si quiero seguir siendo tu amiga… ya te diré.
Cristina asintió.
—Vale.
Y por primera vez, ambas entendieron que nada volvería a ser igual.
Se publicara el 12 de enero del 2026 a las 18:00PM hora española.